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¿Quién decide en un coche que decide solo? Datos, dilemas y regulación en la movilidad del futuro

Imagina que, en un fututo no tan distante, viajas a gran velocidad por una autopista en un vehículo completamente autónomo. No estás tocando el volante, ni los pedales, el sistema de conducción se encarga de todo. De pronto, un objeto grande y pesado cae del camión que tienes justo delante. Tu coche calcula en milisegundos que no puede frenar a tiempo para evitar el impacto. A tu alrededor, hay otros vehículos: a la derecha, un todoterreno robusto con alta protección para sus ocupantes; a la izquierda, una motocicleta con un solo conductor expuesto. Enfrente, el objeto que se interpone inevitablemente en tu camino.

Entonces surge una pregunta crítica: ¿hacia dónde debe maniobrar el coche? ¿Quién – y bajo qué criterios- toma esa decisión?

Este es un ejemplo de alguno de los dilemas éticos que enfrentan los vehículos autónomos donde las decisiones se toman en base a datos. Estos sistemas no solo conducen; también recopilan y procesan grandes volúmenes de datos para tomar decisiones que pueden tener consecuencias humanas directas. Evaluar riesgos, identificar objetos, calcular trayectorias y, en casos extremos, ponderar el valor de distintas vidas humanas, son acciones que ya están siendo delegadas a algoritmos preprogramados.

Los datos: materia prima del nuevo paradigma de movilidad

En este nuevo paradigma, los datos se han convertido en moneda de cambio. De acuerdo con el informe Cuando el vehículo sabe demasiado: privacidad, datos y regulación en la movilidad del futuro de la Fundación Hermes, “esta información, bien gestionada, tiene un alto valor económico, social y estratégico”.

Los vehículos conectados generan una cantidad ingente de información. Algunos datos son esenciales para garantizar la seguridad y la operatividad del vehículo, por ejemplo, monitorizar la dirección en un coche autónomo. Otros, de manera anonimizada, sirven para mejorar las infraestructuras elaborando mapas de fricción sobre las condiciones de las carreteras.

Sin embargo, otros van mucho más allá del ámbito funcional al recopilar información personal sobre el usuario, como la lista de canciones escuchadas, sus rutas habituales o su geolocalización precisa. Esta información alimenta modelos de negocio personalizados, como los seguros dinámicos según el estilo de conducción o servicios de asistencia ajustados a patrones de comportamiento.

 La nueva fiebre del oro… sobre ruedas

El potencial de los datos recopilado por los coches conectados a internet ha provocado una auténtica carrera por el control de la información de los usuarios. Fabricantes, operadores de movilidad y administraciones públicas tienen intereses cruzados sobre quién debe poseerlos, usarlos o compartirlos.

Si bien esta recopilación puede generar beneficios tangibles como mejoras en seguridad vial y personalización de servicios, también expone a los usuarios a múltiples riesgos. Entre ellos, destacan el cibercrimen, el rastreo de personas sin su conocimiento ni consentimiento y usos comerciales cuestionables desde la fijación de dinámicas de precios hasta bloqueos de acceso a servicios según perfiles conductuales.

Estudios citados en el informe revelan que el 76 % de las marcas reconoce vender datos, y que en el 92 % de los casos el usuario tiene poco o ningún control sobre su recopilación.

 Ciberseguridad: la asignatura pendiente

Por su parte, el avance tecnológico ha incrementado la exposición de estos sistemas a amenazas externas. Desde el robo de datos hasta el control remoto de vehículos, los coches autónomos representan un nuevo frente en materia de ciberseguridad. Por ejemplo, existe la posibilidad de que un atacante tome el control de un vehículo de manera remota y lo convierta en un arma para la seguridad pública en cuestión de segundos.

La solución radica en implementar múltiples capas de seguridad en estos sistemas para dificultar estas intrusiones y en garantizar la trazabilidad de los ataques para facilitar la identificación de los responsables, afirman los expertos. No obstante, muchos fabricantes carecen de experiencia en la gestión de riesgos digitales, priorizando aspectos técnicos sobre los derechos de los usuarios. Esto subraya la necesidad de fortalecer la gestión de riesgos y proteger frente a posibles brechas de seguridad y abuso de datos personales.

Una legislación que no alcanza el ritmo del volante

Alicia Así, CEO de Libelium, miembro del patronato de la Fundación Hermes y coordinadora del informe  

En Estados Unidos, cuentan con una regulación menos restrictiva que prioriza la rentabilidad del negocio, en contraste, Europa enfrenta un ritmo de desarrollo más lento. Mientras que en Nevada y California existen normativas específicas para vehículos autónomos desde 2015, la Unión Europea avanza con cautela, fragmentada por legislaciones nacionales que no siempre están alineadas. Esto frena la innovación, encarece los procesos y genera una inseguridad jurídica que pone en riesgo tanto la privacidad de las personas como el desarrollo del sector.

Sin lugar a dudas, el desarrollo de los vehículos autónomos plantea preguntas fundamentales sobre control y seguridad. Si un coche sin conductor se encuentra en una situación crítica como la descrita, sufre un fallo o es manipulado externamente, ¿existe una opción manual para recuperar el control?, ¿qué límites deben imponerse al uso comercial de los datos generados?

La regulación futura podría exigir un mecanismo de emergencia que permita la intervención humana en casos extremos, así como garantizar la protección efectiva de los datos personales y la transparencia de los algoritmos implicados. Existe una urgencia por regular este avance tecnológico de forma ética y sostenible, promoviendo la protección de los derechos fundamentales. Las decisiones tomadas hoy no solo definirán el futuro del sector automotriz, sino también las bases éticas para otras industrias digitales.

Diseñar una movilidad conectada… y consciente

El desarrollo de los vehículos autónomos plantea preguntas de fondo:
 ¿Debe exigirse por ley una opción de recuperación manual?
 ¿Quién responde si un algoritmo toma una decisión letal?
 ¿Qué límites deben imponerse al uso comercial de los datos?

Hermes concluye que existe una urgencia por regular este avance de forma ética y sostenible. Las decisiones que tomemos hoy no solo definirán el futuro de la movilidad, sino también las bases éticas del ecosistema digital en su conjunto.