Escrito por: María Moya, Consejera delegada y cofundadora de Prodigioso Volcán.
En el mundo actual, cada segundo nos impactan cientos de mensajes, noticias y contenidos, pero recibir información no siempre significa entenderla. A menudo nos sentimos perdidos en un mar de palabras complicadas, datos y mensajes que parecen diseñados para confundirnos más que para aclararnos. Y a esto se suma la complejidad que a veces rodea al ecosistema digital: “¿Qué más da si algo está bien escrito si somos incapaces de acceder al documento?”
En Prodigioso Volcán somos pioneros en el impulso de la Comunicación Clara, una disciplina que transmite información relevante de forma fácil y eficaz, y nos ayuda a conseguir nuestro propósito de hacer real el derecho que las personas tenemos a entender. La Comunicación Clara combina el lenguaje claro, el diseño, la infografía, las ciencias del comportamiento y la accesibilidad y la usabilidad, y pone el foco en las personas, en sus derechos y en sus necesidades.
En este contexto es donde nació la idea, casi romántica, de luchar por un ODS 18, un ODS que defendiera la comunicación clara, ética y responsable y ayudara a acelerar y mejorar la comprensión de los 17 restantes. La Agenda 2030 fue un llamamiento mundial a la acción. Pero, si el mundo no entiende esa llamada, ¿quién puede actuar?
Esta iniciativa, respaldada por la Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM), la Fundación Gabo y Prodigioso Volcán, reivindica el derecho a entender como un derecho que la administración, los gobiernos y las empresas han de asegurar para conectar a las personas e incluirla en la construcción de un mundo mejor.
El ODS 18 ha cobrado cada vez más relevancia en un contexto que cambia a velocidad de vértigo: hoy día, la inteligencia artificial generativa nos impacta de lleno, y la desinformación nos rodea, haciendo más urgente que nunca garantizar información veraz, educación crítica y colaboración global. En un ecosistema informativo saturado y fragmentado, donde la velocidad prima sobre la veracidad y la complejidad dificulta la comprensión, garantizar que las personas accedan a información clara, comprensible y verificada es esencial para fortalecer su capacidad crítica y de decisión.
El derecho a entender no solo implica el acceso a datos, sino la posibilidad real de interpretarlos correctamente, sin barreras lingüísticas, técnicas o cognitivas.
El ODS 18 nos recuerda que comunicar es cuidar a quien recibe nuestro mensaje. Es asegurarse de que los mensajes puedan ser comprendidos por todas las personas, sin importar su edad, formación o capacidades. En un mundo donde la mentira viaja más rápido que la verdad, esto no es un lujo: es esencial. Una noticia mal explicada, un término técnico o un mensaje ambiguo puede afectar decisiones sobre la salud, la educación o la vida cotidiana de millones de personas.
Pero no basta con ser claros: la claridad debe caminar de la mano de la ética. Necesitamos ser transparentes, respetuosos y veraces. Debemos pensar en quienes leerán, escucharán o verán nuestro contenido y preguntarnos: “¿Lo entenderán? ¿Lo podrán usar para decidir o aprender?” Aplicar esta ética se traduce en acciones concretas: subtitular videos para personas con discapacidad auditiva, describir imágenes, evitar tecnicismos y estructurar la información de manera que tenga sentido sin importar el punto de partida de cada persona. El derecho a entender se convierte así en una herramienta poderosa para democratizar el acceso a la información y cerrar brechas en el mundo digital.
La comunicación clara es también la llave de la inclusión digital. La complejidad del lenguaje, los códigos invisibles de los contenidos y la saturación de información son barreras silenciosas que limitan la participación. Garantizar que los mensajes sean comprensibles no solo empodera: construye puentes. Permite que estudiantes, adultos mayores, personas con capacidades diferentes y toda la ciudadanía puedan acceder a la información, usarla y participar en la sociedad.
Otro efecto clave de la claridad y la ética en la comunicación es la confianza. Saber que la información que recibimos es precisa, veraz y respetuosa genera seguridad y nos anima a tomar decisiones informadas. Promover el ODS 18 significa, entonces, cuidar la relación entre quienes producen la información y quienes la reciben, reforzando canales de comunicación creíbles y sostenibles. La ética, la claridad y la responsabilidad son principios que nos permiten avanzar hacia un futuro donde la información sea accesible y donde la igualdad digital deje de ser un ideal y se convierta en realidad.
