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Del reto tecnológico al liderazgo ético: así cambia el gobierno corporativo en la era digital

Introducción 

Durante años, la transformación digital fue mayoritariamente entendida como un proceso de modernización tecnológica que afectaba principalmente a los sistemas y procesos operativos de las compañías. Sin embargo, hoy conocemos las limitaciones de esta visión. La digitalización ha evolucionado hacia un elemento estructural que ha puesto a prueba los modelos clásicos de gobernanza empresarial.  

La Fundación Hermes ha impulsado la redacción del informe Consejos en transformación: nuevas competencias para gobernar la complejidad digital desde el Consejo de Administración, con el objetivo de repensar el papel de los órganos de gobierno en esta nueva era. Para ello, se ha tomado como punto de partida los cambios impulsados por las tecnologías emergentes, que ya no solo optimizan procesos, sino que reconfiguran valores, relaciones de poder y culturas organizativas.  

Una gobernanza empresarial en revisión 

Los Consejos de Administración se enfrentan actualmente a un entorno radicalmente distinto al de hace una década. La suma de disrupciones tecnológicas, nuevas regulaciones, cambios culturales y demandas sociales está cambiando la forma de tomar decisiones estratégicas en un entorno cada vez más complejo e incierto. Este nuevo escenario exige un replanteamiento del papel, composición y mecanismos de supervisión de los Consejos de Administración.  

Según el informe “Consejos en Transformación”, la falta de visión estratégica integrada en materia digital, la escasa capacitación tecnológica en la alta dirección, la ausencia de estructuras de supervisión adecuadas y las carencias en pensamiento ético, son algunos de los principales vacíos y oportunidades para construir una gobernanza directiva alineada con los desafíos actuales.   

Ante esto se impone una pregunta clave, ¿qué significa hoy estar realmente preparado para gobernar en la era digital?

De acuerdo con Luisa Alli, directora general de la Fundación Hermes, “para hacer frente a los retos de gobernanza en la era de disrupción digital, complejidad e incertidumbre, no basta con incorporar talento experto para estar preparado; es necesario repensar la propia cultura del Consejo para que actúe con legitimidad, agilidad, ética y criterio estratégico”.

Ámbitos estratégicos de supervisión en la era algorítmica En este nuevo contexto de redefinición de relaciones personales y sistemas dentro de las organizaciones, la supervisión por parte del Consejo de Administración debe ir más allá de los indicadores tradicionales de cumplimiento y eficiencia. 

Es así como se requieren nuevos marcos de análisis y deliberación, capaces de abarcar dimensiones éticas, sociales, culturales y estratégicas. Como señala Fernando Egido Egaña, miembro del Consejo Asesor de la Fundación Hermes, “los ámbitos de supervisión directiva han evolucionado y hoy deben abordarse de forma transversal en la agenda del Consejo”. En concreto, Egido identifica tres ámbitos prioritarios que comprenden “la evaluación de los efectos de la tecnología dentro del modelo de negocio y la propuesta de valor de la organización, la supervisión del uso consciente de tecnologías emergentes, y, por último, la transformación de los estilos de liderazgo, gestión del talento, comunicación interna y toma de decisiones”. 

El nuevo perfil directivo para gobernar en entornos digitales complejos 

Gobernar en entornos marcados por la disrupción tecnológica, la automatización y la opacidad algorítmica requiere nuevos perfiles en los órganos de decisión. De acuerdo con Krista Walochik, Senior Advisor de Talengo, “no se trata de incorporar un “perfil digital” al Consejo, sino de reforzar la supervisión tecnológica como una prioridad estratégica de todos los consejeros, una “gobernanza digital anticipatoria” que permite valorar y visualizar la disrupción tecnológica y su impacto en la continuidad del negocio”. 

Este nuevo perfil de consejero no responde a una fórmula única, sino a una combinación de competencias como visión estratégica, sensibilidad ética, capacidad de adaptación y legitimidad técnica. En este sentido, el informe propone un consejero BANI, capaz de operar con claridad en la ambigüedad, de responder con agilidad frente a la no linealidad y con criterio ante lo incomprensible.  

En definitiva, no se trata de sustituir la experiencia de negocio, sino de enriquecerla con una comprensión profunda del entorno digital y sus implicaciones para la organización y la sociedad. 

El valor estratégico de una gobernanza digital anticipatoria 

En plena aceleración tecnológica, la forma en que las empresas integran lo digital en sus órganos de gobierno se ha convertido en un factor clave de competitividad, legitimidad ante los grupos de interés y su estrategia de sostenibilidad a largo plazo. 

La digitalización, lejos de ser un reto técnico puntual, actúa como un fenómeno estructural que redefine cómo se crea valor, cómo se ejerce el poder y cómo se toman decisiones estratégicas dentro de las organizaciones. En este nuevo contexto, las compañías que apuestan por una gobernanza digital anticipatoria —ética, estratégica y transversal— logran convertirla en una ventaja competitiva.  

Entre los puntos fuertes de este modelo se encuentra una mayor capacidad para alinear tecnología, propósito y sostenibilidad, prevenir riesgos regulatorios y reputacionales mediante marcos de supervisión más sólidos, y mejorar la trazabilidad de las decisiones automatizadas. Además, este enfoque permite posicionarse mejor ante inversores, clientes y talento, especialmente entre las nuevas generaciones, que valoran los entornos digitales responsables y éticamente gobernados. 

Así pues, el impacto de la gobernanza digital no es solo técnico, es político, estratégico y organizativo. Las empresas que entienden esta dimensión desde el Consejo de Administración gestionan el cambio y lo transforman en un activo para su continuidad empresarial.